lunes, 30 de agosto de 2010

Por encima de nuestras cabezas, unas pocas nubes finas se extendían entre las estrellas, y la luna, todavía en su fase de luna llena, rielaba sobre el horizonte. Una ligera brisa me acariciaba la mejilla y podía escuchar el movimiento incesante de las olas cuando embestían la orilla. La marea había subido, y caminamos por la arena más dura, más compacta, cerca del agua.

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