Temía a la verdad, hasta que descubrí la falsedad de las mentiras.
Temía a la muerte, hasta que aprendí que no es el final, sino más bien un comienzo.
Temía al ridículo, hasta que aprendí a reírme de mi misma.
Temía hacerme vieja, hasta que comprendí que ganaba sabiduría día a día.
Temía al pasado, hasta que comprendí que no podía herirme más.
Temía a ser yo misma, hasta que aprendí que como yo, solo hay una.
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