lunes, 1 de noviembre de 2010


Un mundo perfecto en el estamos tú y yo, aparentemente feliz. Lleno de sueños, ¿sueños? Deseos de una realidad imposible. "Deja de pensar y limítate a sentir", frase que retumba dentro de mí. Si hay cosas del mundo real que aparecen en el propio, ¿por qué no volver de blanco y negro a color esta realidad en la que si me pellizcas siento un ligero dolor? Los sueños, sueños son, pero son más reales cuando haces feliz en este mundo lo que te hace feliz en el tuyo propio. El frío viento de la noche se volvió margarita de primavera cuando llegaste tú. La tristeza y la agonía de mi mundo se convirtieron en esperanza y alegría. Sentía que ya no estaba sola en esta realidad injusta. Y es que me di cuenta de lo que realmente me importaba. Los días pasaban... y siempre sabía algo más a lo que hacer frente. Mi enemigo era más fuerte hasta que llegaste tú. Mis miedos e inquietudes eran simples barreras que impedían ver la belleza de la vida. Descubrí que los sueños estaban más cerca cuando tú eras feliz y que se sumían entre arenas movedizas cada vez que te hundías entre dudas y pensamientos fuera de sí. Me planteé dejar de soñar para limitarme a sentir. Sentir tu realidad frente a la idílica e irreal en la que vivía, porque hay cosas más importantes que esperar que sueños imposibles se hagan realidad, como mejorar un mundo en el que no solo vives tú. Porque cada vez que haces feliz a alguien en el mundo real, tu mundo se vuelve menos vulnerable. Y es que la felicidad de los sueños a veces depende de la realidad sensible en la que vivimos... Ahora comprendo porque me siento llena cuando te veo feliz.

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