Su amor de larga distancia se halla sometido al desfase temporal, marcado por los cuatro husos horarios y los cuatro mil kilómetros que separan la coste Este de la costa Oeste.
Después de tantos años, podrían haber decidido instalarse juntos, por supuesto. Pero no lo han hecho. Al principio, porque desconfiaban del desgaste del tiempo. Porque, a cambio de una vida más tranquila, la cotidianidad les habría hecho perder lo que constituye su oxígeno: sentir que se les acelera el corazón cada vez que se ven.
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