Después de que te destroce el amor, pasados casi cien domingos de autosuficiencia, vienen las ganas y llaman a la puerta. Entonces piensas que, o es el día que tiene una nube de más o es que te apetece tener un poquito de amor. Y teorizas un poco tu vida, intentas aprender un poco de cada error. Le pones empeño aunque nadie se de cuenta. Y eso es lo que te falta. Alguien que te acompañe en cada paso y te ayude en cada intento. Alguien que esté al corriente de tu esfuerzo y te recompense con un beso.
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